«VOCES PARA GAZA»: MÁS DE 50 POETAS SE UNEN EN LECTURA SOLIDARIA

«VOCES PARA GAZA»: MÁS DE 50 POETAS SE UNEN EN LECTURA SOLIDARIA

Encuentro poético convoca a la comunidad literaria mexicana y al público en general en la Alameda Central

Revista La Otra, la Asociación de Escritores de México y Voces para Gaza invitan a la ciudadanía a una lectura colectiva de poesía que se realizará el próximo 17 de enero de 2025, de 12:00 a 16:00 horas, a un costado del Hemiciclo a Juárez, en la Alameda Central de la Ciudad de México.

Este evento, que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, reunirá a más de cincuenta poetas y escritores en un acto de solidaridad con el pueblo palestino, donde la palabra poética se convertirá en vehículo de reflexión, memoria y esperanza.

UN LLAMADO DESDE LA POESÍA

«Voces para Gaza» surge del reconocimiento fundamental del derecho de los pueblos a mantener su soberanía y a vivir en paz y dignidad. Ante la barbarie y la invasión que amenaza la existencia misma de comunidades enteras, los organizadores sostenemos que la resistencia cultural y la solidaridad ciudadana son imperativos éticos de nuestro tiempo. Este encuentro poético representa una forma de resistencia pacífica: un acto que convoca a ciudadanos de todo el mundo a no permanecer indiferentes frente a la violencia y el despojo. La poesía, en este contexto, se transforma en un instrumento de memoria, conciencia y acción colectiva para impedir el olvido y la normalización de la injusticia.

«Voces para Gaza» es un esfuerzo colectivo de la comunidad literaria nacional por tender puentes de humanidad y conciencia a través de la poesía, ofreciendo un espacio de expresión artística en uno de los lugares públicos más emblemáticos de la capital.

POETAS PARTICIPANTES

Entre los más de 50 poetas confirmados se encuentran diversas figuras de la escena literaria mexicana como Herman Bellinghausen, Francisco Segovia, Pedro Serrano, José Ángel Leyva, José María Espinasa, Kyra Galván, Grissel Gómez Estrada, Mónica Cavazos, Manuel de J. Jiménez, el poeta iraní radicado en México Mohsen Emadi, Marianne Toussaint, Enrique G. Gallegos, Celerina Sánchez, Carmen Nozal, Bruno Bresani, Zindy Rodríguez, Jocelyn Pantoja, Juan Joaquín Péreztejada, Lucía Rivadeneyra, Alejandra Olson, Manuel Illanes, César Cortés Vega, entre muchos otros.

La diversidad de voces que participarán en este encuentro refleja la pluralidad y riqueza de la poesía mexicana contemporánea, unida en torno a un mensaje de paz, dignidad y resistencia.

DETALLES DEL EVENTO

Fecha: Viernes 17 de enero de 2025

Horario: 12:00 a 16:00 horas

Lugar: A un costado del Hemiciclo a Juárez, Alameda Central, Ciudad de México

Actividad: Lectura colectiva de poesía

Entrada: Libre

ORGANIZADORES

Revista La Otra

Asociación de Escritores de México

Voces para Gaza

Con el apoyo de: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

La ciudadanía está cordialmente invitada a asistir a este encuentro poético que busca recordar que el arte y la palabra son instrumentos fundamentales para la construcción de la paz y la justicia.

Escrituras desde el impasse mexicano: exilio y memoria en la Asociación de Escritores

Por César Cortés Vega

México ha sido un país que posee algo que podría ya llamarse tradición: ser el refugio y espacio para las ideas y el arte de aquellos quienes han debido de abandonar sus lugares de origen. Muchos desterrados han encontrado en estas tierras no solo asilo político, sino a la vez un territorio para reordenar los motivos para la vida, en la fundación de revistas, impartición de talleres, publicación de libros, y en general la reorganización de redes sociales para la amistad y el intercambio. Y la Asociación de Escritores de México ha sido, justamente, uno de los espacios en los que, mediante toda clase de vínculos y formas para la estabilización de las relaciones, ha contribuido a ello.

La AEM, un espacio complejo, debido a su diversidad y sus disposiciones internas, fue fundada en 1964, aunque reconocida oficialmente hasta 1965. En ella se dieron cabida personajes centrales de la literatura mexicana —Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Juan Rulfo, Ramón Xirau, figuran en sus listas. Hubo también escritoras y escritores exiliados que estuvieron cerca, como Otto-Raúl González, poeta guatemalteco que ingresó a la Asociación en 1966, poco después de haber llegado tras el golpe militar en su país. Tallerista, editor y agitador cultural, fue coordinador de la primera época de la revista «Coatlicue» y escribió en «Plural», «Excélsior» y «El Día», manteniendo en auge la noción de que la literatura implica necesariamente un acto de resistencia ante la persecución y el silenciamiento de la palabra.

Otro de los exiliados cercanos a la Asociación fue Ramón Xirau —filósofo, poeta y crítico catalán— quien se integró en 1974. El fundador de la revista «Diálogos» en 1955, quien fue exiliado en nuestro país desde la infancia, pugnó por la inclusión al darle cabida en sus páginas a escritores de dentro y fuera del país. Siempre entre la filosofía, la poesía y la crítica cultural, Xirau elaboró un fino pensamiento acerca de las cualidades del silencio en el habla y la escritura.

Muchos otros han estado ahí: Luis Cardoza y Aragón, José Bergamín, Max Aub, Noé Jitrik, Gregorio Selser, Pedro Orgambide. No de todos existe un registro formal en las actas de la AEMAC, aunque existen referencias dispersas en las que se menciona su aproximación en su órbita cultural. Cardoza y Aragón, por ejemplo, colaboró en múltiples suplementos y revistas mexicanas desde una lucidez crítica y poética particular; Bergamín levantó la editorial Séneca y fue fundador de revistas como «España peregrina»; Aub editó por su parte «Sala de Espera»; Jitrik en sus clases hizo parte y formó a varias generaciones de críticos en la UNAM; Selser llevó a cabo crónicas y proyectos ensayísticos en periódicos como «El Día» y «La Jornada»; Orgambide colaboró en la revista «Cambio», que enlazó a escritores latinoamericanos con voces mexicanas.

Si bien no todos fueron “socios oficiales”, la Asociación fue un espacio para la creación y realización de eventos en los que esa corriente del exilio tuvo un espacio, como puente entre la literatura mexicana y la experiencia del desplazamiento.

Aquello puede llevar a preguntarnos las funciones de una asociación como espacio político que permite la inclusión en un proyecto más aplio llamado literatura. Específicamente hablando de desarraigo, las organizaciones solidarias implican una conciencia de grupo que va más allá de las fornteras, desde un punto de vista internacionalista que implica la pluralidad de visiones y de voces. Si el exilio, en este sentido, es una herida abierta, a la vez da la posibilidad en la reparación solidaria de pensar en la escritura como un espacio para reflexional las fronteras, la pérdida y el extrañamiento desde lo colectivo.

Estos son tiempos de migraciones y desplazamientos forzados, desde los cuales es importante la reflexión sobre cómo el rememorar estas historias nos hace pensar también en la violencia que supone la exclusión por razones de pensamiento. En este sentido las asociaciones pueden ser lugares para el encuentro, la tolerancia y la escucha en medio de los compases de espera y callejones sin aparente salida que se presentan en la Historia.

Mesa dedicada a explorar el legado y la influencia de algunos escritores exiliados que dejaron huella en la literatura mexicana.

Este martes 9 de septiembre se realizará una mesa en el Centro Cultural la Pirámide, que fuera nuestra sede por varios años, sobre estas escrituras en el exilio que han pisado la Asociación. En ella se propondrá un recorrido por la trayectoria de estos autores, quienes, en su paso por la Asociación de Escritores de México, aportaron nuevas perspectivas y enriquecieron el panorama cultural del país. Sus experiencias de exilio y migración no solo marcaron sus vidas y obras, sino que también contribuyeron significativamente al diálogo literario entre México y sus naciones de origen. Como ya mencioné, uno de ellos fue Luis Cardoza y Aragón, poeta y ensayista guatemalteco, cuya aguda visión y compromiso político lo llevaron a exiliarse en nuestro país. Fue parte de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios durante su exilio en los años treinta. Su participación en la Asociación fue clave para fomentar el intercambio cultural entre ambos países. En la AEM se encuentran también documentos de Otto-Raúl González, poeta y diplomático guatemalteco, cuya voz potente y combativa resonó con fuerza durante su exilio. Promovió la solidaridad entre escritores y la defensa de la libertad de expresión. El crítico literario, ensayista y narrador argentino Noé Jitrik formó parte también de la asociación. Durante su exilio en México, contribuyó al enriquecimiento del campo de la crítica literaria hispanoamericana. Su trabajo fortaleció los lazos entre intelectuales de distintos países y destacó la importancia del análisis cultural en tiempos convulsos. Así como de ellos, se hablará también de otras escritoras y escritores que formaron parte de nuestra agrupación. La mesa ofrecerá un espacio para reflexionar sobre cómo el desplazamiento forzado impactó en su obra y, a través de sus experiencias, lograron transformar el dolor del exilio en fuerza creativa. Se abordará su legado en la Asociación de Escritores de México y cómo sus aportaciones siguen influyendo en las nuevas generaciones de escritores y lectores.

Este breve encuentro invita a repensar el exilio no solo como una experiencia de pérdida, sino también como un camino hacia la renovación y el diálogo intercultural. Al final de la sesión, se abrirá un espacio para que el público participe y comparta sus opiniones sobre la relevancia actual de estos temas vinculados a las agrupaciones de escritores y artistas que resultan un espacio de tolerancia y escucha en tiempos convulsos.

Algunas ideas sobre pluralismo, trabajo artístico y asociacionismo

Por Cinocéfalo

La reunión en sí misma funda ya una red de significados, más allá de su funcionalidad orgánica. Aquello es un principio para la formación de opinión pública, en tanto sea capaz de trascender el cerco de la intimidad colectiva. Todo conflicto comienza ahí, en un hacer que se vuelve político en la trascendencia de su producción cerrada. Por eso asociarse. Karl Held y Emilio Muñoz en su libro «El Estado democrático. Crítica de la soberanía burguesa» publicado por el proyecto editorial radicado en Munich GegenStandpunkt, y que desde 1992 se ha especializado en teoría política, revisan el papel de la opinión pública, la diversificación de opiniones y el empleo del concepto de tolerancia en el contexto de los estados llamados «democráticos». Y en el capítulo 10 del volumen señalan cómo estas dinámicas sostienen y legitiman el poder del Estado desde la función de esa llamada «opinión pública», con la cual los regímenes democráticos mantienen la atención y el apoyo de sus ciudadanos para contrarrestar el desencanto público. Esto, transformado en una «voluntad favorable», permite que toda demanda pueda articularse, para luego ser desestimada como irrealizable o distante de un interés común supuestamente representado por el Estado. El ejercicio de tales opiniones, que de principio puede ser reconocido como la manifestación de deseos factibles, colocando sus dinámicas bajo la idea del pluralismo, son promovidos desde la idea de tolerancia como valor esencial que debe respetarse. Sin embargo, a nivel de su posible ejercicio, esto es relativizado por los aparatos estatales a causa de la diferencia y confrontación surgida de posturas supuestamente irreconciliables. Es ahí donde, tanto las instituciones informativas, como la profesionalización de la crítica, producen una instrumentalización. Otra forma para esta polarización es la intervención directa del mismo Estado en un sistema de privilegios velados que supervisan y reacondicionan los medios y los mensajes emitidos. Así, aquello que se imagina como una libertad para el pensar libre, es en realidad un mecanismo para fomentar la ilusión ciudadana de participación desde el deseo, cuya voluntad es anulada en la propia gestión institucional para disminuir o anular el impacto en políticas aplicables.

De este modo, los autores sostienen que el Estado emplea a la opinión pública como mecanismo democrático, lo cual mantiene una legitimidad que a la larga neutraliza ideas críticas que sostienen un sistema dominante mediado por un control suave. El pluralismo y la tolerancia son entonces herramientas para mantener legitimidad, neutralizando las críticas y perpetuando un método para la dominación. De ese modo los ciudadanos son impulsados a asumir sus roles para ser parte de un juego de libertades que a la vez les desactiva convirtiéndoles en «víctimas tolerantes» que hacen parte de un mecanismo ilusorio de libertad de expresión, mientras el avance activo de sus preocupaciones es dejado de lado a favor de un ordenamiento público establecido y determinante.

Desde esta perspectiva, la reunión de distintos sectores de la sociedad civil puede ser una respuesta, sobre todo cuando los medios por los cuales se transmite una visión del mundo no son convencionales, sino que implican el desarrollo de técnicas de expresión que han evolucionado a lo largo de los siglos. Las artes hacen parte de este sector en una diversidad activa, practicable y no demagógica, que siempre guardará una cierta lejanía respecto a la instrumentalización de un aparato tendiente a la adaptación para una voluntad ordenadora. Una de estas instancias es el asociacionismo artístico, que responde a esta dinámica, uniendo diferentes manifestaciones para que sus demandas sean más visibles y difíciles de relativizar. Una asociación de artistas puede presentar intereses colectivos que desafían la fragmentación para ofrecer frentes unificados ante una indiferencia estatal que tiende a desconocer su influencia y dinámicas de participación. Cuando la crítica es asumida como un conducto para la legitimación, es posible a la vez que los medios y ciertas instituciones culturales estatales puedan convertir la obra artística en un instrumento de propaganda o entretenimiento, despojándola de su capacidad de valoración y disenso. De igual manera, la crítica cultural profesional puede alinearse con las narrativas oficiales, validando sacrificios del sector artístico como «necesarios» o incluso encuadrando la falta de apoyo como «alternativas creativas». Por ello, el asociacionismo ofrece una plataforma desde la cual los artistas pueden examinar estos discursos centralistas, pidiendo políticas culturales que respeten su independencia y valor intrínseco. También permite generar canales alternativos de difusión y reivindicación de su opinión. Porque solo es posible celebrar la llamada «libertad creativa» cuando no se desestiman las condiciones materiales que hacen asequible la producción artística (subsidios, espacios de exhibición, derechos laborales, etc.). De igual manera, el mercado cultural promueve un pluralismo que atomiza a los artistas, enfrentándolos entre sí en lugar de permitirles una acción colectiva que transforme sus condiciones. El asociacionismo permite a los artistas superar esta ilusión, pasando de expresar demandas individuales a construir estrategias colectivas que impacten en la política cultural y las estructuras económicas que determinan su trabajo.

Dos de sus razones de ser son, entonces: 1) la resistencia frente a la relativización de sus intereses, el control estatal y mediático, y la fragmentación del sector: la asociación permite resistir como grupo organizado, y; 2), su capacidad para elaborar propuestas, más allá de la mera crítica independiente, para articular políticas culturales alternativas, demandar espacios de participación real y promover modelos más equitativos de distribución de recursos.

De esta manera, el asociacionismo artístico no solo desafía las dinámicas de control del estado democrático descritas por Held y Muñoz, sino que también se posiciona como un agente activo de transformación cultural y política.

Sorteo solidario con piezas del artista oaxaqueño «Puga»

¡Participa en nuestro sorteo solidario y apoya la cultura!

La Asociación de Escritores de México te invita a sumarte a esta iniciativa para continuar con nuestras actividades en el próximo año. Como muestra de solidadridad, podrás participar en el sorteo de una obra del destacado artista oaxaqueño Francisco Javier Santiago Regalado, más conocido como “Puga”.

Si resultas ganador, podrás elegir uno de los grabados de su carpeta, la cual puedes consultar en nuestra página web: http://asociaciondeescritoresmex.org.

  • Costo del boleto: $200
  • Fecha del sorteo: 4 de febrero de 2025, acorde al Sorteo Mayor de la Lotería Nacional.
  • ¡Son solo 100 boletos!

Sobre «Puga»:
Nacido en Juchitán, Oaxaca, en 1959, Puga es un artista autodidacta que inició su carrera en el taller del maestro Delfino Marcial Cerqueda. Su trayectoria incluye graffitis, murales efímeros y un amplio dominio de técnicas como el grabado en metal y la elaboración de papel hecho a mano, aprendidas con el maestro Juan Manuel de la Rosa. Su obra, reconocida internacionalmente, forma parte de colecciones privadas en México, Estados Unidos y Alemania, y ha sido expuesta en múltiples muestras dentro y fuera del país.

¡Adquiere tu boleto y contribuye a la continuidad de nuestras actividades literarias y culturales!

Si deseas adquirir un boleto, contáctanos a: asoc.escritores.mx@gmail.com
Cada compra es un apoyo valioso para la comunidad de escritores de México.

Acá puedes descargar la carpeta de obra del artista. El boleto ganador podrá elegir una de las obras mostradas en ella.

“El río de los derrotados” de Sergio García Zamora, publicado por “El Arco & la Flecha Editores”

Sergio García Zamora, originario de Santa Clara, Cuba (1986), se ha consolidado como una figura importante en el panorama de la poesía hispanoamericana contemporánea. Con una obra extensa que incluye más de una decena de poemarios premiados, su más reciente publicación, El río de los derrotados, ha sido distinguida con el I Premio Hispanoamericano de Poesía José Carlos Becerra “El otoño recorre las islas”. Editada por El Arco & la Flecha Editores y Editorial Cátedra Pedagógica (2024), esta obra reafirma el compromiso de García Zamora con una poesía de alta densidad simbólica y exploración ontológica.

En El río de los derrotados, el agua emerge como un elemento central, cargado de una ambivalencia significativa: a la vez medio de purificación y metáfora de penitencia. La obra aborda las tensiones entre lo cotidiano y lo trascendental mediante una poética que sublima las experiencias humanas hacia una esfera universal. A través de un lenguaje riguroso y una elaborada arquitectura lírica, el autor invita a contemplar las contradicciones inherentes a la condición humana, transformando el paisaje fluvial en un espejo de las complejidades existenciales.

Formado en Filología Hispánica por la Universidad Central de Las Villas (UCLV), García Zamora ha cultivado una carrera literaria que destaca tanto por su prolijidad como por la calidad de sus aportes al género poético. Entre sus poemarios más sobresalientes se encuentran:

  • Resurrección del cisne (Premio Rubén Darío, 2016)
  • El frío de vivir (Premio Loewe a la Creación Joven, 2017)
  • Diario del buen recluso (Premio Gabriel Celaya, 2018)
  • La canción del crucificado (Premio Blas de Otero de Majadahonda, 2018)
  • Los uniformes (Premio Jorge Manrique, 2019)
  • Los conspiradores (Premio Juan Alcaide, 2020)
  • Los maniquíes enfermos (Premio Blas de Otero-Ángela Figuera, 2021)
  • Informe del alucinado (Premio Nicolás del Hierro, 2023)

Residente en Paredes de Nava, Palencia (España), García Zamora sigue produciendo una obra que combina una exploración constante de las posibilidades del lenguaje con una profunda meditación sobre las realidades contemporáneas.

Este nuevo poemario representa una culminación en la búsqueda estética del autor. Su exploración de lo fluvial como eje temático no solo enriquece su obra previa, sino que también ofrece una renovada perspectiva sobre la función de la poesía como un espacio de resistencia y resignificación. En estos textos, el tiempo, el espacio y el lenguaje confluyen en un discurso que desafía las categorías tradicionales de lo lírico y lo narrativo, y sitúa a García Zamora en un lugar especial dentro de la tradición poética hispánica.

El agua, como metáfora central, se convierte en un recurso que dialoga con el concepto de memoria colectiva y los procesos de depuración emocional, estructurando un discurso poético que alterna entre lo íntimo y lo universal. Cada poema ofrece un microcosmos de tensión y reconciliación, mostrando una capacidad singular para equilibrar la complejidad temática con una claridad expresiva notable.

El río de los derrotados se posiciona, así, como una obra fundamental para quienes estudian las transformaciones de la poesía contemporánea y sus posibilidades para abordar las interrogantes esenciales de nuestra época.

Para más información, entrevistas o solicitud de ejemplares, contacte a El Arco & la Flecha Editores.

Evento en línea de premiación de la obra:

https://www.youtube.com/watch?v=-J_N2MsOUwk&t=3318s

«El animal político moderno es en primer lugar un animal literario», Jacques Rancière

Jacques Rancière

La política es asunto de sujetos, o más bien de modos de subjetivación. Por subjetivación se entenderá la producción mediante una serie de actos de una instancia y una capacidad de enunciación que no eran identificables en un campo de experiencia dado, cuya identificación, por lo tanto, corre pareja con la nueva representación del campo de la experiencia. Formalmente, el ego sum, ego existo cartesiano es el prototipo de esos sujetos indisociabIes de una serie de operaciones que implican la producción de un nuevo campo de experiencia. Toda subjetivación política proviene de esta fórmula. Esta es un nos sumus, nos existimus. Lo que quiere decir que el sujeto que aquélla hace existir no tiene ni más ni menos consistencia que ese conjunto de operaciones y ese campo de experiencia. La subjetivación política produce una multiplicidad que no estaba dada en la constitución policial de la comunidad, una multiplicidad cuya cuenta se postula como contradictoria con la lógica policial. Pueblo es la primera de esas multiplicidades que desunen a la comunidad, con respecto a sí misma, la inscripción primera de un sujeto y una esfera de apariencia de sujeto sobre cuyo fondo otros modos de subjetivación proponen la inscripcion de otros «existentes», otros sujetos del litigio político. Un modo de subjetivación no crea sujetos ex nihilo. Los crea al transformar unas identidades definidas en el orden natural del reparto de las funciones y los lugares en instancias de experiencia de un litigio. «Obreros» o «mujeres» son identidades aparentemente sin misterio. Todo el mundo ve de quién se trata. Ahora bien, la subjetivación política los arranca de esta evidencia, al plantear la cuestión de la relación entre un quién y un cuál en la aparente redundancia de una proposición de existencia. En política, «mujer» es el sujeto de experiencia —el sujeto desnaturalizado, desfeminizado— que mide la distancia entre una parte reconocida —la de la complementariedad sexual— y una ausencia de parte. Del mismo modo, «obrero», o mejor «proletario», es el sujeto que mide la distancia entre la parte del trabajo como función social y la ausencia de parte de quienes lo ejecutan en la definición de lo común de la comunidad. Toda subjetivación política es la manifestación de una distancia de este tipo. La bien conocida lógica policial que juzga que los proletarios militantes no son trabajadores sino desclasados y que las militantes de los derechos de las mujeres son criaturas ajenas a su sexo, en resumidas cuentas, tiene fundamento. Toda subjetivación es una desidentificación, el arrancamiento a la naturalidad de un lugar, la apertura de un espacio de sujeto donde cualquiera puede contarse porque es el espacio de una cuenta de los incontados, de una puesta en relación de una parte y una ausencia de parte. La subjetivación política «proletaria», como traté de demostrarlo en otro lado, no es ninguna forma de «cultura», de ethos colectivo que cobre voz. Presupone, al contrario, una multiplicidad de fracturas que separan a los cuerpos obreros de su ethos y de la voz a la que se atribuye expresar su alma, una multiplicidad de acontecimientos verbales, es decir de experiencias singulares del litigio sobre la palabra y la voz, sobre la partición de lo sensible. El «tomar la palabra» no es conciencia y expresión de un sí mismo que afirma lo propio. Es ocupación del lugar donde el logos define otra naturaleza que la phoné. Esta ocupación supone que haya destinos de «trabajadores» que, de una manera u otra, sean desviados por una experiencia del poder de los logoi en que la reviviscencia de inscripciones políticas antiguas puede combinarse con el secreto descubierto del alejandrino. El animal político moderno es en primer lugar un animal literario, preso en el circuito de una literalidad que deshace las relaciones entre el orden de las palabras y el orden de los cuerpos que determinaban el lugar de cada uno. Una subjetivación política es el producto de esas líneas de fractura múltiples por las cuales individuos y redes de individuos subjetivan la distancia entre su condición de animales dotados de voz y el encuentro violento de la igualdad del logos.

Fragmento del libro: «El desacuerdo. Política y filosofía», Rancière, Jacques.

“Los artistas y la política”, un texto de Virginia Woolf

Los artistas y la política

Virginia Woolf

[Conferencia realizada en la Asociación Internacional de Artistas en diciembre de 1936. Apareció publicada en The Daily Worker, bajo el título “Why Art Today Follows Politics”]. 

ME HAN PEDIDO EXPLICAR, tan brevemente como me sea posible, por qué el artista actualmente está interesado, activa y genuinamente, en política. Parece que hay algunas personas para las que este interés es sospechoso. 

Que el escritor está interesado en política no es necesario decirlo. Los catálogos de todas las editoriales, prácticamente todos los libros que se publican ahora, son pruebas de este hecho. El historiador hoy no está escribiendo acerca de Grecia y Roma en el pasado, sino acerca de Alemania y España en el presente; el biógrafo actual escribe sobre las vidas de Hitler y Mussolini, no acerca de Enrique VIII y Charles Lamb; el poeta inserta comunismo y fascismo en sus versos; el novelista se aparta de las vidas privadas de sus personajes en favor de su entorno social y sus opiniones políticas. Obviamente, el autor está en un contacto tan directo con la vida humana que cualquier agitación en su tema debe cambiar su punto de vista. O enfoca su mirada en el problema inmediato o lleva su tema a relacionarse con el presente. En algunos casos, se ve tan paralizado por el caos del momento que se mantiene en silencio. 

Podríamos preguntarnos: ¿por qué debería esta agitación afectar al pintor y al escultor? Ellos no se preocupan por los sentimientos de sus modelos, sino por su forma. La rosa y la manzana no tienen opiniones políticas. ¿Por qué no deberían pasarse su tiempo contemplándolos, como siempre han hecho, bajo la fría luz norteña que se cuela a través de la ventana de su estudio? 

Responder brevemente a esta pregunta no es fácil, ya que para entender por qué el artista —el artista plástico— se ve afectado por el estado de la sociedad, debemos tratar de definir las relaciones entre el artista y la comunidad, y esto es difícil, en parte, porque nunca se ha hecho una definición así. Pero la mayoría de las personas estaría de acuerdo en que hay una especie de entendimiento entre ellos, y en tiempos de paz se podría decir que corren de la mano. El artista, por su parte, sostenía que ya que el valor de su trabajo dependía de la libertad de pensamiento, seguridad personal e inmunidad para los asuntos prácticos —mezclarse en política, sostenía, era adulterarlo—, se encontraba absuelto de deberes políticos, sacrificando varios de los privilegios de los que gozaban los ciudadanos activos. A cambio, crearía lo que se llama una obra de arte. La sociedad, por otro lado, se dedicaba a manejar el Estado de tal manera que se pagase al artista un sueldo digno, no le pedía ayuda activa y se consideraba a sí misma pagada mediante las obras de arte que siempre han sido una de sus principales reivindicaciones de distinción. Con muchos errores y faltas por ambas partes, el contrato siempre se ha mantenido: la sociedad ha aceptado el trabajo del artista en lugar de otros servicios, y el artista, viviendo en general de manera precaria o a duras penas, ha escrito o pintado sin preocuparse por las agitaciones políticas del momento. Así sería imposible, cuando leemos a Keats, o miramos las pinturas de Tiziano y Velázquez, o escuchamos la música de Mozart o Bach, decir cuál era la condición política de la época o del país en que estas obras fueron creadas. Si fuera de otra manera, si la “Oda a un ruiseñor” estuviera inspirada en el odio a Alemania; si Baco y Ariadna simbolizara la conquista de Abisinia; si Fígaro expusiera las doctrinas de Hitler, nos sentiríamos engañados, como si nos impusieran algo, como si, en lugar de pan hecho con harina, nos dieran pan hecho con yeso. 

Pero si fuera verdad que un contrato así existe entre el artista y la sociedad en tiempos de paz, no es necesariamente verdad que el artista sea independiente de la sociedad. Materialmente, por supuesto, depende de ella para comer el pan de cada día. El arte es el primer lujo que se descarta en tiempos de crisis; el artista es el primero de los trabajadores en sufrir. Pero intelectualmente también depende de la sociedad. La sociedad no es solo la encargada de su paga, sino también su mecenas. Si el mecenas se encuentra demasiado ocupado o distraído para ejercer esta facultad esencial, el artista trabajará en un vacío y su arte sufrirá y tal vez perecerá por falta de entendimiento. De nuevo, si el mecenas no es ni pobre ni indiferente, sino dictatorial, si solo comprará las imágenes que halaguen su vanidad o apoyen su visión política, entonces el artista se verá nuevamente impedido y su trabajo perderá su valor. E incluso si hay algunos artistas que puedan permitirse ignorar a sus mecenas, ya sea porque tienen los medios para sostenerse o han aprendido a lo largo del tiempo a formar su propio estilo y a depender de la tradición, estos suelen ser los artistas más viejos, cuya obra ya fue realizada. Incluso ellos, sin embargo, no son inmunes de ninguna manera. 

Porque, aunque sería fácil destacar el punto absurdamente, todavía es un hecho que la práctica del arte, lejos de provocar que el artista se aparte de sus iguales, hace crecer su sensibilidad. Esto genera en él una atracción por las pasiones y necesidades de la humanidad para las que un ciudadano, cuyo deber es trabajar para un país específico o para un partido político en particular, no tiene tiempo ni, tal vez, necesidad de cultivar. Así, incluso si es ineficiente, el artista no es apático de ninguna manera. Tal vez sí sufre más que el ciudadano promedio porque no tiene un deber obvio que realizar. 

Por estas razones, entonces, es claro que el artista es afectado tan poderosamente como otros ciudadanos cuando la sociedad está en caos, aunque la perturbación lo afecta de manera diferente. Su estudio ahora está lejos de ser un claustro donde puede contemplar en paz su modelo o su manzana. Está siendo asediado por voces, todas perturbadoras, algunas por una razón y otras por otra. Primero está la voz que grita: “No puedo protegerte, no puedo pagarte, estoy tan torturado y distraído que ya no puedo disfrutar de tus obras de arte”. También está la voz que pide ayuda: “Bajá de tu torre de marfil, dejá tu estudio —reclamá— y usá tus dones como doctor, como profesor, no como artista”. Está la voz que le advierte al artista que si no puede probar de buena manera por qué el arte beneficia al Estado, se le hará ayudarlo activamente, haciendo aviones o disparando armas. Y finalmente está la voz que muchos artistas en otros países ya han escuchado y se han visto obligados a obedecer, la voz que proclama que el artista es el sirviente del político: “Solo podrás practicar tu arte —dice— bajo nuestras órdenes. Píntanos cuadros, escúlpenos estatuas que glorifiquen nuestros evangelios. Celebra el fascismo, celebra el comunismo. Predica lo que te ordenamos predicar. No podrás existir en otros términos”. 

Con todas estas voces gritando en sus oídos, ¿cómo puede el artista seguir en paz en su estudio, contemplando su modelo o su manzana en la fría luz que atraviesa la ventana? Se ve obligado a participar en política, debe incorporarse en sociedades como la Asociación Internacional de Artistas. Dos causas de suprema importancia para él están en juego: la primera es su propia supervivencia; la otra es la supervivencia de su arte.

[Tomado de «Los artistas y la política», Woolf, Virginia. Ediciones Godot]

Posicionamiento de la Asociación de Escritores de México A.C. ante la reducción presupuestaria que se proyecta para el actual PEF 2025

Lectura de la carta en Rueda de prensa de la Asamblea de Artes el 25 de noviembre

Ciudad de México, 24 de noviembre de 2024

Somos una organización que está a punto de cumplir sus 60 años de vida. A lo largo de ese tiempo hemos luchado porque los presupuestos y las condiciones para el desarrollo de la labor cultural —y específicamente los derechos al trabajo digno de los escritores— sean parte de las agendas de debate nacional. Desde una visión de avanzada, consideramos que invertir en el sector implica hacer de la cultura un elemento central de las políticas hacia la mejora de las condiciones de vida. Este enfoque es el único medio para garantizar que dichos esfuerzos se centren en el ser humano y sean inclusivos y equitativos.

El abandono del fortalecimiento del sector cultural con la reducción presupuestaria que se proyecta para el actual Presupuesto de Egresos de la Federación 2025, así como la falta de recursos amplioss y suficiente para el desarrollo en todos sus ámbitos y niveles (fomento, desarrollo, industria creativa, libertad de asociación, diversidad cultural, investigación, rescate, patrimonio e infraestructura), no solo nos amenaza con la pauperización de este sector, sino que también señala un alejamiento de los sentidos y significaciones que se gestan desde el campo cultural, lo cual no está en consonancia con una idea de crecimiento democrático y plural del país.

Sabemos que no se puede reducir la función de la cultura a un simple “adorno” o a una herramienta para la “atracción turística”, sino que se trata de un bien colectivo para la expresión de los deseos e inquietudes en el imaginario de los pueblos. Si bien la producción cultural tampoco puede, ni debe ser producida exclusivamente por el Estado, es importante promover opciones para sus diferentes expresiones y nomenclaturas, con lo cual se incremente el apoyo a sus creadores en el país. Y, justamente, un gobierno emanado de la voluntad popular y las distintas luchas de las izquierdas mexicanas tiene la encomienda de priorizar la inversión en el sector. Por ello es necesario para nosotros asegurar garantías mínimas, como el derecho a la expresión, a la libre imprenta, al trabajo o a la seguridad social.

Ante esta situación, no solo nos parece deseable, sino del todo realizable que, de manera paulatina, se aumente la inversión destinada al sector cultural dentro del presupuesto federal, hasta alcanzar al menos el 2% del PIB nacional. Esto puede justificarse cabalmente con base en la última Cuenta Satélite de la Cultura 2023 del INEGI, que reconoce que este sector aporta en promedio el 2.9% al PIB.

Asimismo, es esencial asumir las responsabilidades y compromisos firmados internacionalmente, y garantizar los derechos culturales establecidos en la Constitución. Esto debe incluir la creación de marcos normativos que protejan y fomenten el ejercicio pleno de las expresiones culturales, así como el acceso universal a sus servicios.

Por último, proponemos la creación de un auténtico Sistema de Creadores que contemple un padrón de expresiones artísticas diversas, quienes puedan ser sujetos de protección tanto en el ámbito de los derechos de autor y la propiedad intelectual, como en el acceso a la seguridad social y a programas culturales. Este sistema debe garantizar la inclusión sin ningún tipo de discriminación, ya sea por ideología, raza, género u otras razones.

Agradecemos su atención a la presente misiva.

Atte.

Asociación de Escritores de México, A.C.

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Superficialidad e ingenuidad en literatura: una reflexión crítica

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Superficialidad e ingenuidad en literatura: una reflexión crítica

Por Cinocéfalo

La superficialidad literaria y los movimientos ingenuos dentro de la literatura son conceptos que, aunque a menudo entrelazados, requieren una reflexión profunda para distinguir sus matices. La superficialidad literaria puede entenderse como una tendencia a tratar los temas de manera poco profunda, sin el desarrollo crítico, emocional o filosófico que enriquece una obra. Se queda en la superficie de las ideas, a menudo dando más importancia a la forma que al contenido, o priorizando temas de fácil consumo para el lector, en lugar de ofrecer una reflexión o visión más compleja del mundo.

Un ejemplo clásico de superficialidad literaria lo encontramos en ciertos movimientos literarios de finales del siglo XIX y principios del XX, donde la estética del texto, el brillo del lenguaje y la ornamentación estilística empezaron a prevalecer sobre la profundidad de las ideas. El decadentismo europeo, por ejemplo, fue criticado por algunos contemporáneos, como los realistas o naturalistas, que lo acusaban de preferir lo ornamental y artificioso a lo verdadero y esencial. Autores como Joris-Karl Huysmans en À rebours (1884) reflejaron esta búsqueda de lo estéticamente llamativo, donde el protagonista se deleita en lo exótico, lo erudito, pero se aleja del compromiso social o moral, abrazando una visión del mundo aislada y superficial. Aunque en este caso la superficialidad es consciente y deliberada, para muchos críticos representaba una escapatoria a las cuestiones urgentes de la sociedad.

Por otro lado, los movimientos ingenuos en la literatura a menudo están relacionados con intentos honestos de explorar ideas complejas, pero que se quedan cortos debido a la falta de un enfoque crítico o de una metodología literaria madura. El término “ingenuo” no implica necesariamente una falta de valor artístico, sino que se refiere a una simplificación o idealización excesiva de los temas. Los primeros trabajos del romanticismo, por ejemplo, a veces caían en una cierta ingenuidad al exaltar la pureza de la naturaleza o la grandeza del individuo de una forma que no siempre se sostenía ante el análisis crítico. En este sentido, la ingenuidad puede percibirse como un exceso de idealismo o como una visión de la realidad simplificada.

La literatura juvenil, en sus formas menos exigentes, puede caer en este tipo de ingenuidad. Por ejemplo, las narrativas de bildungsroman o novelas de formación a menudo presentan una visión idealizada del crecimiento personal, donde las complejidades de la vida adulta, el fracaso o las contradicciones morales son minimizadas para presentar un relato de triunfo fácil y esperanzador. En este tipo de obras, lo ingenuo no siempre es sinónimo de mal escrito, sino que refleja una forma de abordar el mundo que, aunque cautivadora, puede resultar insuficiente para un lector más exigente.

Ambos fenómenos —la superficialidad y la ingenuidad— pueden coexistir, y en muchos casos se encuentran en textos que, aunque atractivos a nivel estilístico o emocional, fracasan en ofrecer una experiencia literaria completa. La superficialidad literaria y la ingenuidad, aunque diferentes en su origen y manifestación, comparten la característica de no profundizar en las complejidades de la condición humana, ofreciendo en su lugar una visión simplificada o estéticamente agradable del mundo.

La superficialidad literaria puede tener varios efectos en la percepción del lector, dependiendo de sus expectativas y nivel de exigencia. Aquí te presento algunos de los impactos más comunes:

— Satisfacción Superficial: Para algunos lectores, especialmente aquellos que buscan entretenimiento ligero o una lectura rápida, la superficialidad puede ser suficiente. Estos lectores pueden disfrutar de la narrativa sin buscar una profundidad mayor en los temas tratados.

— Desilusión y Frustración: Los lectores que buscan una experiencia literaria más enriquecedora pueden sentirse decepcionados. La falta de profundidad en el tratamiento de los temas puede llevar a una sensación de insatisfacción, ya que la obra no cumple con sus expectativas de reflexión crítica o emocional.

— Percepción de la Literatura como Producto de Consumo: La prevalencia de obras superficiales puede contribuir a la percepción de la literatura como un producto de consumo rápido, similar a otros medios de entretenimiento. Esto puede desvalorizar la literatura como una forma de arte que tiene el potencial de ofrecer insights profundos sobre la condición humana.

— Falta de Conexión Emocional: La superficialidad puede impedir que los lectores desarrollen una conexión emocional profunda con los personajes o la trama. Sin un desarrollo adecuado de los conflictos internos y las motivaciones de los personajes, es difícil que el lector se sienta verdaderamente involucrado en la historia.

— Reducción del Pensamiento Crítico: La literatura que no desafía al lector a pensar críticamente o a cuestionar sus propias creencias puede limitar el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico. Las obras superficiales a menudo evitan temas complejos o controversiales, lo que puede llevar a una experiencia de lectura menos estimulante intelectualmente.

— Influencia en la Cultura Literaria: Si la superficialidad se convierte en una tendencia dominante, puede influir en la producción literaria en general, incentivando a los autores a priorizar la forma sobre el contenido para satisfacer las demandas del mercado. Esto puede llevar a una disminución en la calidad literaria y en la diversidad de voces y perspectivas en la literatura.

Es cierto que esto puede ofrecer una experiencia de lectura agradable y accesible para algunos, pero también puede limitar el potencial de la literatura para enriquecer y desafiar al lector. Varios autores han abordado la superficialidad literaria de manera crítica y reflexiva en sus obras.

La poesía de T.S. Eliot a menudo critica la superficialidad y el vacío espiritual del mundo moderno. Obras como Prufrock y otras observaciones (1917) y La tierra baldía (1922) exploran la alienación y la falta de profundidad en la sociedad contemporánea. Alessandro Baricco, en sus ensayos, también ha reflexionado sobre la superficialidad en la literatura y la cultura moderna. En libros como Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (2008), analiza cómo la globalización y los cambios culturales han influido en la forma en que consumimos y producimos literatura. Por otro lado, Mario Benedetti, aunque conocido por su conexión con el gran público, ha sido criticado por algunos por la superficialidad de sus personajes y tramas. Sin embargo, su obra también ofrece una mirada crítica a la vida cotidiana y las emociones humanas, lo que lo convierte en un autor interesante para explorar este tema.

Además de ellos, hay varios otros que han explorado la superficialidad en sus obras de manera interesante y crítica. Por ejemplo, Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Gray (1890), examina la superficialidad y la decadencia moral a través de la historia de Dorian Gray, un joven que desea mantener su belleza eterna mientras su retrato envejece y refleja su corrupción interna1. La novela es una crítica mordaz a la obsesión con la apariencia y el hedonismo. Por su parte, Jorge Luis Borges, en cuentos como Utopía de un hombre que está cansado (1975), reflexiona sobre la superficialidad y la saturación de información en la sociedad moderna. Su obra a menudo explora la tensión entre la apariencia y la realidad, y cómo la superficialidad puede afectar nuestra percepción del mundo. También Haruki Murakami en novelas como Kafka en la orilla (2002), aborda temas de soledad y superficialidad en la vida moderna. Sus personajes a menudo buscan significado en un mundo que parece superficial y desconectado.

Estos autores han utilizado sus obras para criticar y reflexionar sobre la superficialidad, ofreciendo perspectivas profundas y variadas sobre cómo este fenómeno afecta tanto a la literatura como a la sociedad.

Poemas Rubikón

Poesía / Poemas de Rubikon

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+ Rubikón
Rubikon fue ganador del concurso abierto al público (micrófono abierto) llevado a cabo el 21 de marzo a las 23 h. en la Noche de la Poesía 2024, organizado por el IFAL (Instituto Francés de América Latina). La sesión estuvo coordinada por Karloz Atl. El Poetry Slam es una fusión de arte, pasión y comunidad, donde la voz de cada participante se eleva a través de la poesía. Se trata de textos que no son realizados exprofeso para la escritura, sino para ser enunciados en voz alta frente a un público diverso. Su transcripción y lectura deben de tener en cuenta estas características. 

No le has aprendido nada al desierto

                                                        

Para Wendi Italia

 

Traigo la muerte blancuzca

aferrada a la nuca

de este cuerpo nopal

que fermenta y almacena

en sus flores empitayadas

un baboso y dulce aguacero.

Dime si quieres decirme

desde que callado bosque

traes tus cantos emplumados

y tu ámbar fulgurante.

Que yo te cuento que en este desierto

autoinmune no se dan el maíz ni la amapola

acá tus semejantes se hacinan en los hoyos

cazan ratas y lagartijas

se posan en nuestras esquinas

pa´ cantarnos sus lamentos.

Yo te pido pues que no me vengas

no me vengas a decir que no ves

como se derrite mi piel,

verde el aura que destilo por mis poros espinas.

(pues la venganza de esta tierra es despiadada)

¿¡Y que me espera!?

Que me espera a mí qué

soy verdugo de las horas que miran

fijamente como envejece la aurora.

(así que no intentes dormir al velador)

Que mientras maquinean tus sienes

que mentiras quepan en ti, enjuicias

¿Qué ministros? ¿Cuáles jueces?

¿¡Y que te espera!?

Que te espera a ti qué

atraviesas mis frutos en busca de vida

¿Qué te espera pájara pinta?

¿Una eternidad efímera?

¿Un beso de la tierra?

¿Una caricia del viento?

¿Un saludo del mediodía?

¿Un orgasmo, un vaso de saliva,

Un golpe de calor violento?

Durmiendo a la orilla de la embriagues

en la noche de Los Muertos.

Y lloramos,

lloramos por permitirnos

perder la felicidad que nosotros

mismos nos procuramos.

Y me digo: después de tanto

no le has aprendido nada al desierto.

____

 

Pambazos y balazos

 

¡He nacido!

De pura casualidad

y a las faldas de un cerro

entre pambazos y balazos.

He visto hombres y mujeres

con la moral católica

florida y enaltecida,

caer de las garras de un águila

que  prefirió la pitaya.

Y he sido un extranjero y mensajero

en tierras donde la arena acaba

y un dragón de piedra bebe agua,

al igual que en la punta de alguno

de los volcanes que a mi ciudad coronan.

Pero hay algo que no termino de entender:

¿El cómo se enreda la tragedia de mi raza

y el cantar de sus amores?

Porque aunque no lo parezca

la plata que aquí se desgrana

no consuela nuestras discordias

que déjeme decirle, no son menores.

Porque aunque no lo parezca

las venas que aquí se desangran

rara vez conmueven nuestras pasiones

que yo diría es más bien porque ver sangre

ya se hizo parte de nuestras costumbres.

En la penumbra de nuestro recuerdo

se enarbolan héroes y castas,

virreyes y tlatoanis,

pero apenas alguno o ninguno,

ha sabido vender su fayuca/patria

en algún puesto del tianguis.

Aun sabiendo todo esto

yo me siento orgulloso

de mi puesto en el tianguis,

de mi bocina escandalosa,

de la mugre crispa de mis uñas,

de mis halagos triviales,

¡Si, mire señora pásele!

¡Que le vendo sonrisas!

¡ Le vendo mi vida!

¡Le vendo verdura de la más dura!

¡Le vendo a mi sangre!

Destilo por mis poros el sudor que por mi nuca resbala

y luego se tiñe del rosa de la lona que me cubre.

Mis porros son forjados en la soledad mañanera

de los baños públicos y el hedor que nos seduce.

Aquí se escuchan cumbias y reggaetones,

los narcocorridos mueven nuestros motores.

Acá el pinche Paz y el Sabines

dejan bien flameados los pinches calzones.

El amor que aquí se predica

es con todas las predilecciones

como el amor del ladrón a su daga,

como el de la lluvia y el relámpago,

un amor de teporocho y mezcal,

como el de mi tierra al maíz

o el del papel a la tinta,

el soborno y la policía,

la pared y el graff,

la sandia en mi lengua,

pidiéndome más.

¿Qué cuanto es más?

Pues más de lo qué debería cobrar, reinita.

Más de lo qué debería mirar, marchantita.

Más de lo que debería llevar, güerita.

¡Más! ¡Más! ¡Más! ¡Más! Morenita.

_____

 

¿Cuánto hace que no nace?     

    

Para Zandy Nova

 

Proscribo fascinado la manutención

de cualquier sentimiento ajeno

al admirador elocuente de la forma

lícita y bella de amar de lejitos.

¡Que la soledad sea apremiante!

y la obsesión vana!

Si se me permite al alba insipiente

de una mente insana

darle unas cuantas palmaditas

de hombro y asemejar

(por lo menos por unos días)

el alma cítrica de su enajenación

y declararme confuso y perdedor

ante cada encuentro fortuito

entre el amanecer de un nuevo deseo

y la urgencia de su boca por probar

un nuevo curado de pulque,

el nuevo labial de Mary Kay

o por lo menos la lucides

de una boca no menos obstinada que la suya.

Sin dejar olvidado el llanto en la barra

de cualquier puesto de tacos,

escribiré sin razón ni reparo en coágulo

que resbala por una ingle sin grietas

y durante una semana completa

la nueva poesía de vanguardia

para mi generación del milenio.

¡Me harías un paro que te caigo

con pomos, bombos y tarolas doradas

espolvoreadas con chile piquín!

Pero no te me espantes si me quedo

a dormir en tu cama y hablo dormido.

No te quites el yelmo aluminio

que te ando adivinando

el pensamiento antes que lo digas.

Quien te espera con la boca echa mazorca

y los ojos humedecidos cual sol llovido

ansiosos y hartos de ver actores

bramando un tipio melodrama novelero

te merecen sin más obstinación reflexiva,

sin más ética literaria que la de Sade,

con todo el romance que nuestra época

ha heredado de eras pasadas

que, dejado y extrañado, evoca

en una soledad un sueño

en plena revolución, a media digestión

y a tientas de lo que nuestras madres

nos han enseñado el amor será:

Como un dios que se sienta

a contemplar su obra y se pregunta.

¿Cuánto hace que no nace ingrávida

y desde el implacable letargo de las horas

el ansia que acompaña la taquicardia

que pretende dejarte claras las intenciones,

tras las llamas, de una mirada?