La Asociación de Escritores de México A. C. organiza sus trabajos a través de los siguientes programas: Apoyo a la Edición Independiente, Formación, Investigación y reflexión, inter-disciplina, Intercambio y Fondos para el apoyo al desarrollo del arte independiente, dentro de los cuales los asociados proponen diferentes proyectos que al final componen el plan de trabajo anual de la Asociación.
Encuentro poético convoca a la comunidad literaria mexicana y al público en general en la Alameda Central
Revista La Otra, la Asociación de Escritores de México y Voces para Gaza invitan a la ciudadanía a una lectura colectiva de poesía que se realizará el próximo 17 de enero de 2025, de 12:00 a 16:00 horas, a un costado del Hemiciclo a Juárez, en la Alameda Central de la Ciudad de México.
Este evento, que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, reunirá a más de cincuenta poetas y escritores en un acto de solidaridad con el pueblo palestino, donde la palabra poética se convertirá en vehículo de reflexión, memoria y esperanza.
UN LLAMADO DESDE LA POESÍA
«Voces para Gaza» surge del reconocimiento fundamental del derecho de los pueblos a mantener su soberanía y a vivir en paz y dignidad. Ante la barbarie y la invasión que amenaza la existencia misma de comunidades enteras, los organizadores sostenemos que la resistencia cultural y la solidaridad ciudadana son imperativos éticos de nuestro tiempo. Este encuentro poético representa una forma de resistencia pacífica: un acto que convoca a ciudadanos de todo el mundo a no permanecer indiferentes frente a la violencia y el despojo. La poesía, en este contexto, se transforma en un instrumento de memoria, conciencia y acción colectiva para impedir el olvido y la normalización de la injusticia.
«Voces para Gaza» es un esfuerzo colectivo de la comunidad literaria nacional por tender puentes de humanidad y conciencia a través de la poesía, ofreciendo un espacio de expresión artística en uno de los lugares públicos más emblemáticos de la capital.
POETAS PARTICIPANTES
Entre los más de 50 poetas confirmados se encuentran diversas figuras de la escena literaria mexicana como Herman Bellinghausen, Francisco Segovia, Pedro Serrano, José Ángel Leyva, José María Espinasa, Kyra Galván, Grissel Gómez Estrada, Mónica Cavazos, Manuel de J. Jiménez, el poeta iraní radicado en México Mohsen Emadi, Marianne Toussaint, Enrique G. Gallegos, Celerina Sánchez, Carmen Nozal, Bruno Bresani, Zindy Rodríguez, Jocelyn Pantoja, Juan Joaquín Péreztejada, Lucía Rivadeneyra, Alejandra Olson, Manuel Illanes, César Cortés Vega, entre muchos otros.
La diversidad de voces que participarán en este encuentro refleja la pluralidad y riqueza de la poesía mexicana contemporánea, unida en torno a un mensaje de paz, dignidad y resistencia.
DETALLES DEL EVENTO
Fecha: Viernes 17 de enero de 2025
Horario: 12:00 a 16:00 horas
Lugar: A un costado del Hemiciclo a Juárez, Alameda Central, Ciudad de México
Actividad: Lectura colectiva de poesía
Entrada: Libre
ORGANIZADORES
Revista La Otra
Asociación de Escritores de México
Voces para Gaza
Con el apoyo de: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México
La ciudadanía está cordialmente invitada a asistir a este encuentro poético que busca recordar que el arte y la palabra son instrumentos fundamentales para la construcción de la paz y la justicia.
México ha sido un país que posee algo que podría ya llamarse tradición: ser el refugio y espacio para las ideas y el arte de aquellos quienes han debido de abandonar sus lugares de origen. Muchos desterrados han encontrado en estas tierras no solo asilo político, sino a la vez un territorio para reordenar los motivos para la vida, en la fundación de revistas, impartición de talleres, publicación de libros, y en general la reorganización de redes sociales para la amistad y el intercambio. Y la Asociación de Escritores de México ha sido, justamente, uno de los espacios en los que, mediante toda clase de vínculos y formas para la estabilización de las relaciones, ha contribuido a ello.
La AEM, un espacio complejo, debido a su diversidad y sus disposiciones internas, fue fundada en 1964, aunque reconocida oficialmente hasta 1965. En ella se dieron cabida personajes centrales de la literatura mexicana —Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Juan Rulfo, Ramón Xirau, figuran en sus listas. Hubo también escritoras y escritores exiliados que estuvieron cerca, como Otto-Raúl González, poeta guatemalteco que ingresó a la Asociación en 1966, poco después de haber llegado tras el golpe militar en su país. Tallerista, editor y agitador cultural, fue coordinador de la primera época de la revista «Coatlicue» y escribió en «Plural», «Excélsior» y «El Día», manteniendo en auge la noción de que la literatura implica necesariamente un acto de resistencia ante la persecución y el silenciamiento de la palabra.
Otro de los exiliados cercanos a la Asociación fue Ramón Xirau —filósofo, poeta y crítico catalán— quien se integró en 1974. El fundador de la revista «Diálogos» en 1955, quien fue exiliado en nuestro país desde la infancia, pugnó por la inclusión al darle cabida en sus páginas a escritores de dentro y fuera del país. Siempre entre la filosofía, la poesía y la crítica cultural, Xirau elaboró un fino pensamiento acerca de las cualidades del silencio en el habla y la escritura.
Muchos otros han estado ahí: Luis Cardoza y Aragón, José Bergamín, Max Aub, Noé Jitrik, Gregorio Selser, Pedro Orgambide. No de todos existe un registro formal en las actas de la AEMAC, aunque existen referencias dispersas en las que se menciona su aproximación en su órbita cultural. Cardoza y Aragón, por ejemplo, colaboró en múltiples suplementos y revistas mexicanas desde una lucidez crítica y poética particular; Bergamín levantó la editorial Séneca y fue fundador de revistas como «España peregrina»; Aub editó por su parte «Sala de Espera»; Jitrik en sus clases hizo parte y formó a varias generaciones de críticos en la UNAM; Selser llevó a cabo crónicas y proyectos ensayísticos en periódicos como «El Día» y «La Jornada»; Orgambide colaboró en la revista «Cambio», que enlazó a escritores latinoamericanos con voces mexicanas.
Si bien no todos fueron “socios oficiales”, la Asociación fue un espacio para la creación y realización de eventos en los que esa corriente del exilio tuvo un espacio, como puente entre la literatura mexicana y la experiencia del desplazamiento.
Aquello puede llevar a preguntarnos las funciones de una asociación como espacio político que permite la inclusión en un proyecto más aplio llamado literatura. Específicamente hablando de desarraigo, las organizaciones solidarias implican una conciencia de grupo que va más allá de las fornteras, desde un punto de vista internacionalista que implica la pluralidad de visiones y de voces. Si el exilio, en este sentido, es una herida abierta, a la vez da la posibilidad en la reparación solidaria de pensar en la escritura como un espacio para reflexional las fronteras, la pérdida y el extrañamiento desde lo colectivo.
Estos son tiempos de migraciones y desplazamientos forzados, desde los cuales es importante la reflexión sobre cómo el rememorar estas historias nos hace pensar también en la violencia que supone la exclusión por razones de pensamiento. En este sentido las asociaciones pueden ser lugares para el encuentro, la tolerancia y la escucha en medio de los compases de espera y callejones sin aparente salida que se presentan en la Historia.
Mesa dedicada a explorar el legado y la influencia de algunos escritores exiliados que dejaron huella en la literatura mexicana.
Este martes 9 de septiembre se realizará una mesa en el Centro Cultural la Pirámide, que fuera nuestra sede por varios años, sobre estas escrituras en el exilio que han pisado la Asociación. En ella se propondrá un recorrido por la trayectoria de estos autores, quienes, en su paso por la Asociación de Escritores de México, aportaron nuevas perspectivas y enriquecieron el panorama cultural del país. Sus experiencias de exilio y migración no solo marcaron sus vidas y obras, sino que también contribuyeron significativamente al diálogo literario entre México y sus naciones de origen. Como ya mencioné, uno de ellos fue Luis Cardoza y Aragón, poeta y ensayista guatemalteco, cuya aguda visión y compromiso político lo llevaron a exiliarse en nuestro país. Fue parte de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios durante su exilio en los años treinta. Su participación en la Asociación fue clave para fomentar el intercambio cultural entre ambos países. En la AEM se encuentran también documentos de Otto-Raúl González, poeta y diplomático guatemalteco, cuya voz potente y combativa resonó con fuerza durante su exilio. Promovió la solidaridad entre escritores y la defensa de la libertad de expresión. El crítico literario, ensayista y narrador argentino Noé Jitrik formó parte también de la asociación. Durante su exilio en México, contribuyó al enriquecimiento del campo de la crítica literaria hispanoamericana. Su trabajo fortaleció los lazos entre intelectuales de distintos países y destacó la importancia del análisis cultural en tiempos convulsos. Así como de ellos, se hablará también de otras escritoras y escritores que formaron parte de nuestra agrupación. La mesa ofrecerá un espacio para reflexionar sobre cómo el desplazamiento forzado impactó en su obra y, a través de sus experiencias, lograron transformar el dolor del exilio en fuerza creativa. Se abordará su legado en la Asociación de Escritores de México y cómo sus aportaciones siguen influyendo en las nuevas generaciones de escritores y lectores.
Este breve encuentro invita a repensar el exilio no solo como una experiencia de pérdida, sino también como un camino hacia la renovación y el diálogo intercultural. Al final de la sesión, se abrirá un espacio para que el público participe y comparta sus opiniones sobre la relevancia actual de estos temas vinculados a las agrupaciones de escritores y artistas que resultan un espacio de tolerancia y escucha en tiempos convulsos.
La superficialidad literaria y los movimientos ingenuos dentro de la literatura son conceptos que, aunque a menudo entrelazados, requieren una reflexión profunda para distinguir sus matices. La superficialidad literaria puede entenderse como una tendencia a tratar los temas de manera poco profunda, sin el desarrollo crítico, emocional o filosófico que enriquece una obra. Se queda en la superficie de las ideas, a menudo dando más importancia a la forma que al contenido, o priorizando temas de fácil consumo para el lector, en lugar de ofrecer una reflexión o visión más compleja del mundo.
Un ejemplo clásico de superficialidad literaria lo encontramos en ciertos movimientos literarios de finales del siglo XIX y principios del XX, donde la estética del texto, el brillo del lenguaje y la ornamentación estilística empezaron a prevalecer sobre la profundidad de las ideas. El decadentismo europeo, por ejemplo, fue criticado por algunos contemporáneos, como los realistas o naturalistas, que lo acusaban de preferir lo ornamental y artificioso a lo verdadero y esencial. Autores como Joris-Karl Huysmans en À rebours (1884) reflejaron esta búsqueda de lo estéticamente llamativo, donde el protagonista se deleita en lo exótico, lo erudito, pero se aleja del compromiso social o moral, abrazando una visión del mundo aislada y superficial. Aunque en este caso la superficialidad es consciente y deliberada, para muchos críticos representaba una escapatoria a las cuestiones urgentes de la sociedad.
Por otro lado, los movimientos ingenuos en la literatura a menudo están relacionados con intentos honestos de explorar ideas complejas, pero que se quedan cortos debido a la falta de un enfoque crítico o de una metodología literaria madura. El término “ingenuo” no implica necesariamente una falta de valor artístico, sino que se refiere a una simplificación o idealización excesiva de los temas. Los primeros trabajos del romanticismo, por ejemplo, a veces caían en una cierta ingenuidad al exaltar la pureza de la naturaleza o la grandeza del individuo de una forma que no siempre se sostenía ante el análisis crítico. En este sentido, la ingenuidad puede percibirse como un exceso de idealismo o como una visión de la realidad simplificada.
La literatura juvenil, en sus formas menos exigentes, puede caer en este tipo de ingenuidad. Por ejemplo, las narrativas de bildungsroman o novelas de formación a menudo presentan una visión idealizada del crecimiento personal, donde las complejidades de la vida adulta, el fracaso o las contradicciones morales son minimizadas para presentar un relato de triunfo fácil y esperanzador. En este tipo de obras, lo ingenuo no siempre es sinónimo de mal escrito, sino que refleja una forma de abordar el mundo que, aunque cautivadora, puede resultar insuficiente para un lector más exigente.
Ambos fenómenos —la superficialidad y la ingenuidad— pueden coexistir, y en muchos casos se encuentran en textos que, aunque atractivos a nivel estilístico o emocional, fracasan en ofrecer una experiencia literaria completa. La superficialidad literaria y la ingenuidad, aunque diferentes en su origen y manifestación, comparten la característica de no profundizar en las complejidades de la condición humana, ofreciendo en su lugar una visión simplificada o estéticamente agradable del mundo.
La superficialidad literaria puede tener varios efectos en la percepción del lector, dependiendo de sus expectativas y nivel de exigencia. Aquí te presento algunos de los impactos más comunes:
— Satisfacción Superficial: Para algunos lectores, especialmente aquellos que buscan entretenimiento ligero o una lectura rápida, la superficialidad puede ser suficiente. Estos lectores pueden disfrutar de la narrativa sin buscar una profundidad mayor en los temas tratados.
— Desilusión y Frustración: Los lectores que buscan una experiencia literaria más enriquecedora pueden sentirse decepcionados. La falta de profundidad en el tratamiento de los temas puede llevar a una sensación de insatisfacción, ya que la obra no cumple con sus expectativas de reflexión crítica o emocional.
— Percepción de la Literatura como Producto de Consumo: La prevalencia de obras superficiales puede contribuir a la percepción de la literatura como un producto de consumo rápido, similar a otros medios de entretenimiento. Esto puede desvalorizar la literatura como una forma de arte que tiene el potencial de ofrecer insights profundos sobre la condición humana.
— Falta de Conexión Emocional: La superficialidad puede impedir que los lectores desarrollen una conexión emocional profunda con los personajes o la trama. Sin un desarrollo adecuado de los conflictos internos y las motivaciones de los personajes, es difícil que el lector se sienta verdaderamente involucrado en la historia.
— Reducción del Pensamiento Crítico: La literatura que no desafía al lector a pensar críticamente o a cuestionar sus propias creencias puede limitar el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico. Las obras superficiales a menudo evitan temas complejos o controversiales, lo que puede llevar a una experiencia de lectura menos estimulante intelectualmente.
— Influencia en la Cultura Literaria: Si la superficialidad se convierte en una tendencia dominante, puede influir en la producción literaria en general, incentivando a los autores a priorizar la forma sobre el contenido para satisfacer las demandas del mercado. Esto puede llevar a una disminución en la calidad literaria y en la diversidad de voces y perspectivas en la literatura.
Es cierto que esto puede ofrecer una experiencia de lectura agradable y accesible para algunos, pero también puede limitar el potencial de la literatura para enriquecer y desafiar al lector. Varios autores han abordado la superficialidad literaria de manera crítica y reflexiva en sus obras.
La poesía de T.S. Eliot a menudo critica la superficialidad y el vacío espiritual del mundo moderno. Obras como Prufrock y otras observaciones (1917) y La tierra baldía (1922) exploran la alienación y la falta de profundidad en la sociedad contemporánea. Alessandro Baricco, en sus ensayos, también ha reflexionado sobre la superficialidad en la literatura y la cultura moderna. En libros como Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (2008), analiza cómo la globalización y los cambios culturales han influido en la forma en que consumimos y producimos literatura. Por otro lado, Mario Benedetti, aunque conocido por su conexión con el gran público, ha sido criticado por algunos por la superficialidad de sus personajes y tramas. Sin embargo, su obra también ofrece una mirada crítica a la vida cotidiana y las emociones humanas, lo que lo convierte en un autor interesante para explorar este tema.
Además de ellos, hay varios otros que han explorado la superficialidad en sus obras de manera interesante y crítica. Por ejemplo, Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Gray (1890), examina la superficialidad y la decadencia moral a través de la historia de Dorian Gray, un joven que desea mantener su belleza eterna mientras su retrato envejece y refleja su corrupción interna1. La novela es una crítica mordaz a la obsesión con la apariencia y el hedonismo. Por su parte, Jorge Luis Borges, en cuentos como Utopía de un hombre que está cansado (1975), reflexiona sobre la superficialidad y la saturación de información en la sociedad moderna. Su obra a menudo explora la tensión entre la apariencia y la realidad, y cómo la superficialidad puede afectar nuestra percepción del mundo. También Haruki Murakami en novelas como Kafka en la orilla (2002), aborda temas de soledad y superficialidad en la vida moderna. Sus personajes a menudo buscan significado en un mundo que parece superficial y desconectado.
Estos autores han utilizado sus obras para criticar y reflexionar sobre la superficialidad, ofreciendo perspectivas profundas y variadas sobre cómo este fenómeno afecta tanto a la literatura como a la sociedad.